Cómo escribir un villano memorable


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Un héroe es tan fuerte como el obstáculo que enfrenta, y hasta puede superarlo. Porque el coraje. La determinación. El deseo y la voluntad, pesan más. ¡Sí que lo pesa! Y con rabia si deseamos que el asunto se vuelva intenso y conmovedor. Con todo lo que dispongamos en nuestras vidas. Más. Más. Hasta que desaparezca. ¡Carajos sí, que se puede derribar montañas con la fe y la iniciativa de uno! Somos lo que somos y vencemos lo que se interponga en el camino. Esa es la vía. La jornada de cualquiera. Una lucha diaria por alcanzar nuestros objetivos. Es lo que anhelamos. Y por eso escribimos. ¡Al cuerno con los que no desean leernos! Ya encontraremos a alguien que sí lo haga.
Piensa en Sauron, Darth Vader o Voldemort: no es algo que se recuerda por el poder que esgrimieron, sino por lo que representan y por lo que nos hacen sentir. Un villano memorable puede elevar toda tu novela; uno superficial y sin identidad, en cambio, la hunde, por brillante que sea tu protagonista. Así de simple. Y los hemos visto en las grandes producciones. Una esperaba que dicho maniático despedazara el mundo con la fuerza de su oscura alma, sin embargo, apenas si esbozaba un chiste malo.

 

¿Qué hace que un villano sea memorable?

Podríamos resumir algunas características:
Tienen una motivación clara y comprensible. Y puede que el lector esté o no de acuerdo, pero logra comprender el por qué actúa así. Son una amenaza real, sí. Lo son porque sus acciones tienen consecuencias y ponen al héroe en aprietos. También porque contrastan con el protagonista, es decir, reflejan lo que el héroe podría llegar a ser o lo que más teme. También disponen de presencia. Poseen una voz, un estilo propio, y unos gestos que los hacen reconocibles. Y algo más importante, creen tener razón. O sea, casi nadie se considera el malo de su propia historia. No lo son por elección, sino por decisión. Lo marcan y lo defienden. Es su vida. Todo gira en torno de lo que son y de lo que hacen. Y en ocasiones se roban el papel protagónico.
 
Tenemos al antagonista. Aquel que se opone a los objetivos del protagonista. Literalmente rechaza todo de él. No sirve. No es lo adecuado. Lo confronta todo el tiempo. Y no siempre es malvado; lo que quiero decir es que, puede ser un rival con razones legítimas.
El siguiente es el villano. Un personaje con intenciones dañinas o moralmente reprobables. No es necesario que me explaye, la mayoría ya lo conoce.
Y el tercero es el monstruo o fuerza de la naturaleza. Una amenaza sin motivaciones humanas (una plaga, una criatura). Funciona, pero genera menos profundidad emocional. ¡Hulk! Pura rabia incondicional. Un salvajismo extraordinario que no tiene razón de ser. Un paradigma inconsciente que nace del miedo, del temor irreprochable y de la violencia oculta en el alma de una persona que tiende a pasar desapercibida. O, también está el señor Hide, de Jekyll, cuya turbulencia viene de dividendos pocos personales, pero altamente volátiles. En resumen, una persona con una personalidad escondida a punto de estallar en cualquier momento. O un simple monstruo de cantera. Un pantano. Un arcaico milenario debajo de toneladas de roca, que un día despierta. Un dragón enojado y furioso porque le han arrebatado a su preciada hembra, etc.
 
Crear un villano tiende a tener sus desafíos. Para los que no desean imitar el patrón de otras creaciones. Definitivamente, tiene su riesgo y reto. Además, es lo mejor que se puede hacer. ¿Por qué para qué copiar los personajes de otros solo porque nos gusta? Claro también está lo comercial. Bueno, pienso que cada quién hará lo que mejor le convenga.
Y antes de pensar en su aspecto o sus poderes, deberías definir el qué quiere y por qué lo quiere. Un villano que busca poder, debe mencionar los porqués. O uno que quiere salvar a su pueblo de una amenaza, aunque sus métodos sean atroces, tiene profundidad y dispone de un carácter decisivo y propio.
Otras de las consideraciones a tener en cuenta, son las motivaciones. Hay algunas efectivas que nacen de emociones reales; como el miedo, la pérdida, la exagerada y necesaria ambición, el deseo de venganza, o de justicia, y la necesidad de controlarlo todo. Pregúntale qué herida lo empujó a convertirse en lo que es. Habla con él o ella, que te muestre lo que lo llevó a convertirse en eso. Algunos usan este intermedio, otros, simplemente se preguntan a sí mismo. Cada quién con cada cual.
Otro punto necesario es que, no necesitas contarlo todo, pero tú debes saber qué fue lo que lo marcó. Un momento clave. Una traición, una derrota, una pérdida, suele explicar su visión del mundo. Esto conecta con el trabajo de worldbuilding. Lo que quiero decir es que, el villano debería ser producto del mundo que has creado, no un añadido. Parte del mismo. Uno con el todo. O fuera de él, y luego ingresa a destruirlo todo. O en su defecto, a poner todo patas arriba.
En definitiva, es un contraste con el héroe, dado que, los mejores villanos son un espejo oscuro del protagonista. O sea, ambos pueden compartir un mismo dolor, pero eligieron caminos distintos. Y ese paralelismo es lo que hace que el conflicto sea personal y no solo físico. Temperamental. Decisivo. Poderoso y hasta dominante.
Por otro lado, los villanos más inquietantes suelen tener un código. Existen límites que no cruzan o principios que defienden con mucha convicción. Eso los vuelve coherentes y, por tanto, más peligrosos. No son predecibles. Cualquier cosa puede ocurrir con ellos.
Sin embargo, gente. Deben equilibrar su poder con el del héroe. Porque si el villano es invencible, no hay dramatismo; y si es demasiado débil, no se proyecta ninguna amenaza. ¿Qué hacer?
Debe superar al héroe en algo, ya sea en poder, en recursos, inteligencia, y hasta en cierta influencia. Debe hacerlo para que la victoria sea ganada y no regalada. Si tu historia incluye magia, define sus límites con claridad.
Y una de las aclaraciones más pertinentes, tiene que ver con la personalidad y esos detalles únicos que debes proporcionarle.
Por ejemplo, la voz, los gestos, las manías, la forma de vestir o de hablar, es lo que conducen a que se cree una imagen. Un villano que habla con calma mientras amenaza suele inquietar más que uno que grita. Son los pequeños detalles, un hábito, una frase, o un objeto, lo que lo hacen inolvidables.
Lo siguiente es que debe ser activo y no reactivo dijo mi papá cierta vez. Un villano memorable tiene un plan y avanza con él, de modo que el héroe muchas veces va un paso atrás. Si solo reacciona a lo que hace el protagonista, pierde fuerza, se debilita. En fantasía, los giros son increíbles si los haces bien. Apuntas en una dirección. El héroe o la heroína va en otra. Y de repente, surge un imprevisto en el camino. ¿Dónde esté el villano? En ninguna parte. Sencillamente dejó una trampa. Y a partir de ahí, nadie sabe bien que fue lo que pasó y cómo pasó. Tú sí. El lector no. Eso es suspense.
Y sea que sea un tirano. Un idealista corrompido. Un manipulador. Uno trágico. Un rival o un caso sin sentido. Todo debe derivarse en una buena construcción que lo componga. O tuércelo un poco para que sea impredecible incluso hasta para él mismo. No del todo, porque provoca fatiga en el lector. Aunque hay quienes les gusta este tipo de tramas.
En definitiva, un villano memorable no es el más poderoso ni el más cruel, sino el que tiene razones, presencia y un conflicto personal con el héroe. Y cuando el lector entiende esto, la historia gana profundidad y tensión.
Nos vemos en la próxima. Paz y éxitos en tus jornadas literarias.
 
®Eli Key´26 Todos los derechos res

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